Ratifico una vez más que la piel se te cae por tiras
no esperes la pregunta oportuna, de todos modos
ya no tengo mis manos maquilladas,
es el justo precio que debe pagarse,
los atardeceres azul eléctrico con su jadeo inconmensurable
se desvisten junto contigo, y tu desnudez transparente
vuelve hilarante mi frente bajo la niebla.
Y tu ir y venir, los muchos “no” y los pocos “si”
hacen las batallas agotadoras pero agradables
se abren ventanas y entran los rayitos de sol
pregonando cosas inentendibles /cosas que solo tú entiendes/.
Y voy con un salvajismo ya conocido
hirviendo es espuma blanca,
a merced de las palomas grises
voy murmurándole a los grandes rascacielos
lo incandescente de tu sosiego
tus huesos, tus huesos
y que vas con el frenesí propio de las princesas fugitivas.
Está claro entonces que nunca se confundirán
la niebla verde con tu pelo oscuro.